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El Garraf blanco
Maquia de lentisco y palmito
La pequeña proporción de ácido carbónico del agua de lluvia ha esculpido las rocas calcáreas del Garraf a lo largo de un proceso milenario. Entre estas rocas agujereadas y de formas caprichosas crece un paisaje vegetal presidido por la única palmera autóctona de Europa: el palmito (Chamaerops humilis), una especie protegida.
El palmito está acompañado por toda una serie de especies como la coscoja, el lentisco o el espino negro, con los que forma una comunidad bien adaptada a los rigores de las sequías estivales pero que, en cambio, no soporta los inviernos rigurosos.
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EL PALMITO, UNA PALMERA MUY NUESTRA
El palmito es la única palmera autóctona de Europa y en el Garraf se halla en su límite de distribución más septentrional. Por este motivo y porque tiene que sobrevivir en unas condiciones muy duras de sequía y ausencia de nutrientes en el suelo, se trata de una especie protegida.
Es una planta que tiene unas hojas muy duras que se utilizan para la fabricación de cuerdas, escobas y objetos de cestería. Además, tiene pinchos en los peciolos, que le sirven para proteger el brote central, que es comestible tanto para los animales como para los humanos.
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LAS PLANTAS AROMÁTICAS, EL OLOR COMO DEFENSA.
Las plantas aromáticas reciben este nombre debido al olor que desprenden sus hojas. Este olor puede gustarnos mucho y utilizamos estas plantas para elaborar perfumes, jabones, infusiones, medicamentos e incluso las añadimos a la comida; en cambio a los herbívoros no les gusta el sabor que tienen debido a los aceites esenciales que contienen y que hacen que sean tan aromáticas. Así pues, las plantas aromáticas utilizan el olor para defenderse de los animales que quieren comérselas.
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