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El Garraf negro
El encinar, el bosque mediterráneo
Allí donde bordea la cuenca y el delta del Llobregat, el Garraf se vuelve negro con los encinares y los pinares que crecen sobre los esquistos y las pizarras paleozoicas. Además de permitir que la erosión haya suavizado el relieve, la antigüe-dad de estos materiales ha contribuido a la formación de suelos profundos que pueden mantener el bosque y, espe-cialmente el encinar, el bosque mediterráneo por excelencia.
En el encinar predomina la encina, un árbol de hojas perennes, oscuras, duras y con vello en el reverso. Por debajo de las copas de las encinas encontramos un apretado sotobosque lleno de arbustos, matas y plantas trepadoras que hacen que sea impenetrable.
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FRUTOS PARA COMER
Los frutos del madroño (Arbutus unedo) son de colores atractivos, desprenden un olor muy agradable y tienen un sabor dulce, que invita a que alguien se los coma. Y es que el madroño utiliza a los animales como sistema de dispersión de sus semillas. De hecho, les paga estos servicios con la pulpa nutritiva de los frutos a cambio de que las semillas queden bien esparcidas junto con los excrementos.
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TREPAR PARA ALCANZAR LA LUZ
Las plantas trepadoras, como la hiedra, son muy abundantes en el bosque mediterráneo, caracterizado por árboles de ramas y troncos poco rectilíneos y hojas que duran todo el año. Esto implica que en el sotobosque haya un ambiente muy sombrío, y esta ausencia de luz hace que las plantas trepadoras aprovechen los troncos de los árboles para alcanzar la luz sin tener que invertir sus esfuerzos en fabricar ramas y troncos lignificados.
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